Doramas es el espacio de expresión de Miguel Acín Garro (tcc magacín66), donde también participan amigos, lectores y colaboradores.
Pero al final, ¡sobrevivimos!
[ Por Miguel Acín ]
A continuación reproduzco uno de esos relatos que corren de e-mail en e-mail. Se trata de un documento que lleva el título de «Niños de antes», que cuenta muchas de las cosas que nos hacían y que hacíamos cuando eramos pequeños y la calle era todo nuestro universo.
Si pasas, como yo, los 30 ó los 40 años, creo que te verás reflejado o te sentirás identificado con muchas de las siguientes situaciones:
- Fuimos la generación de la “espera”; nos pasamos nuestra infancia y juventud esperando: teníamos que esperar “dos horas de digestión” para no morirnos en el agua de la playa o de la piscina.
- Los domingos nos dejaban en ayunas toda la mañana hasta la hora de la comunión.
- Es difícil creer que estemos vivos: Los que podían, viajaban en 600 sin cinturones de seguridad y sin airbag, y se hacían viajes de 10-12 h. con cinco personas en el 600 y no pasaba nada.
- Montábamos en bicicleta sin casco.
- No tuvimos puertas, armarios o frascos de medicinas con tapa a prueba de niños.
- Los columpios eran de metal y con esquinas en pico.
- Jugábamos a ver quien era el más bestia. Nos rompíamos los huesos y los dientes y no había ninguna ley para castigar a los culpables.
- Salíamos de casa por la mañana, jugábamos todo el día, y sólo volvíamos cuando se encendían las luces de la calle. Nadie podía localizarnos. No había móviles.
- Ligábamos con las chicas persiguiéndolas para tocarles el culo, no en un chat diciendo tonterias.
- Quedábamos con los amigos y salíamos. O ni siquiera quedábamos, salíamos a la calle y allí nos encontrábamos y jugábamos a la pelota, a las chapas, a coger, al rescate, a la taba…, en fin, tecnología punta.
- En los juegos de la escuela, no todos participaban en los equipos y los que no lo hacían, tuvieron que aprender a lidiar con la decepción.
- Tuvimos peleas y nos “esmorramos” unos a otros y aprendimos a superarlo.
- Comíamos dulces pero no éramos obesos. Si acaso alguno era gordo y punto.
- Compartimos botellas de refrescos o lo que se pudiera beber y nadie se contagió de nada.
- Leíamos tebeos y cuentos y no los videojuegos de ahora.
- Bebíamos agua directamente del grifo, sin embotellar, y algunos incluso chupaban el grifo. Íbamos a cazar lagartijas y pájaros con la “escopeta de plomillos”, antes de ser mayores de edad y sin adultos.
- Coleccionábamos estampas de vida y color, de futbol…
- Ibamos a veces a la playa y pasábamos horas sin crema de protección solar, sin clases de vela, de paddle o de golf, pero sabíamos construir fantásticos castillos de arena.
- Nos abríamos la cabeza jugando a guerra de piedras y no pasaba nada, eran cosa de niños y se curaban con mercromina y unos puntos. Nadie a quién culpar, sólo a nosotros mismos.
- Tuvimos libertad, fracaso, éxito y responsabilidad, y aprendimos a crecer con todo ello.






Andres Corujo | 29 Agosto, 2006 a las 21:03
Tengo que reconocer que yo fui uno de los que corrí detrás de alguna chica a tocarle el culo. Y lo cojonudo (o curioso) es que no se veía como acoso ni nada por el estilo. Era un juego más aunque suene fuerte decirlo de esta manera. Cuantas parejas y amistades se hicieron a partir de esos tocamientos. Bueno, también hubo alguna cachetada. Lo simpático es que si el día de mañana viese a un batata detrás de mi hija, loco por tocarle el culo, “no me gustaria demasiado” por no decir que le arranca…… Conclusión: me he hecho mayor.